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John

Asunto: John
Por Smithf561 enviado el 27/4/2015 23:39:21

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Clavo escribió: Hola Sol!!! Sabes a mi me contaban que las personas que morían trágicamente, al no llegar a cumplir el tiempo que debían en la tierra, tenían que permanecer aquí, digamos alguien que muere asesinado a los 10 y debía morir a los 40, ese tiempo es el que le toca, también dicen de personas muy materiales o con una gran carga, no se elevan tan fácilmente, solo con un exorcismo. La reencarnación de una niña que murió de una caída A orillas del Nilo, cerca de un antiguo templo erigido al dios Osiris por el faraón Seti I, vivía una anciana inglesa, Dorothy Eady, que murió cuando tenía tres años, estaba profundamente convencida de que había vuelto a nacer como sacerdotisa egipcia. Dorothy nació en 1903 en el seno de una acaudalada familia londinense. Pero posteriormente se hizo llamar Um Seti, reencarnación de una mujer que sirvió en la corte del rey, Seti. Su extraño viaje al remoto pasado, descrito por ella en 1973, comenzó de niña, al caerse por una escalera y declararla muerta el médico de cabecera. Cuando éste volvió con una enfermera para amortajar el cuerpo, encontró a la pequeña muy animada y en perfecto estado. Pronto, Dorothy comenzó a esconderse debajo de las mesas y detrás de los muebles. Sorprendía a sus padres con la petición de que “la llevasen a casa”. Un día, la familia visitó el Museo Británico y, en las salas egipcias, Dorothy se desenfrenó. Sin motivo aparente empezó a besar los pies de las estatuas, asiéndose a las momias y gritando, con una voz que su madre recuerda que sonaba antigua y extraña, que quería que la dejasen con “su pueblo”. Junto a Seti y Osiris En otra ocasión le enseñaron a Dorothy una fotografía del templo construido por Seti I. Inmediatamente dijo a su padre que el templo era “su verdadera casa”, convicción a la que nunca renunció. Dorothy afirmaba que había conocido a Seti y que era un hombre muy amable. Conforme aumentó su convencimiento, Dorothy empezó a aprender a descifrar jeroglíficos en el Museo Británico. Sorprendió a su profesor por su habilidad para aprender los símbolos, y explicó que no estaba aprendiendo un nuevo lenguaje, sino solamente recordando lo que había olvidado. En 1930, Dorothy se casó con un egipcio y se marchó a vivir a Egipto. A su único hijo, varón, lo llamó Seti, y ella misma se llamó Um Seti (madre de Seti). Durante 20 años trabajó como ayudante de investigación arqueológica. En 1952 hizo su primera peregrinación a Abydos, lugar donde se alza el templo de Seti y la tumba de Osiris. Regreso al hogar No sabía leer en absoluto egipcio moderno, pero cuando el tren se detuvo cerca de una cordillera de montañas calizas supo que había llegado al lugar exacto. Dorothy describió su primera visita al templo como una “vuelta al hogar”. En 1954 volvió a Abydos para el resto de su vida. Colaboraba en la conservación del templo y oraba diariamente a Osiris, convirtiéndose en su única devota viviente. En 1973 obtuvo permiso de los conservadores del templo para que, cuando muriese, se la enterrase en el recinto del mismo, al que llamaba su “casa”. Pero la creencia en la reencarnación no es, ni mucho menos, algo singular. Muchas personas, en algún momento, experimentan la sensación de haber hecho algo o haber estado en algún sitio en una vida anterior, aunque no pueden explicarse cómo ni cuándo. En 1956, durante una sesión de dos horas de duración con el hipnoterapeuta Arnall Bloxham, de Cardiff (Inglaterra), una joven inglesa, Ann Ockenden, comenzó repentinamente a hablar de una vida anterior como hombre, en un país donde la gente iba adornada con cicatrices y dientes de animales. Renacida tres siglos después Otra de las clientes de Bloxham afirmaba que era hija de Carlos I y de la reina Enriqueta María. Aunque esta mujer no había estudiado historia, pudo dar detalles exactos de la corte del rey Francés Luis XIV, donde ella y su hermano, Carlos II, vivieron exiliados. El psiquiatra inglés Arthur Guirdham recopiló datos de la historia de una mujer que él llama la señora Smith. Desde su adolescencia, la señora Smith tenía repetidos sueños de una vida anterior como esposa de un predicador cátaro francés del siglo XIII. Los cataros constituían una secta cristiana hereje que pronto fue objeto de persecución. La historia revela que la mayoría de los predicadores cataros y sus seguidores murieron en una espantosa matanza, y la pesadilla más terrible de la señora Smith consistía en que la quemaban en la hoguera. La señora Smith no sabía nada de los cataros, pero en 1944 describió las ropas que usaban. Dijo que eran túnicas verdes o azules, dato históricamente cierto.


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