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cipotes : Un Milagro de María Auxiliadora
Enviado por Escritor10 el 7/10/2006 21:18:02 (2678 Lecturas)
cipotes

@Mario jiménez Castillo


Corría la década de los años ochenta en El Salvador, transcurrían los primeros días del mes de enero de 1981, eran tiempos difíciles, la incertidumbre e inseguridad se habían hecho presentes después que estallará una revolución comunista dos años atrás.
La vida había cambiado radicalmente para todos los habitantes del país, era una época de zozobra y tribulación. De aquel entonces he casi olvidado los malos momentos; sin embargo, siempre tendré presente en mis recuerdos, todos los acontecimientos que ocurrieron el sábado 10 de enero de ese mismo año.
Haciendo memoria... eran alrededor de las cinco de la tarde, el sol comenzaba a ocultarse entre las montañas y parecía un día sin grandes sobresaltos. En mi casa estaban reunidos con mi padre, varios patriotas que creían en la lucha por sacar al país adelante. En realidad era un porcentaje mínimo de la población el que simpatizaba con el terrorismo y con las ideas marxistas leninistas.
Aunque yo era un niño de tan sólo ocho años de edad, entendía que mi país sufría la injusticia de una guerra provocada por los obscuros intereses de otras naciones que habían caído presas del yugo comunista durante la guerra fría.


Esa tarde observé muy entusiasmado a mi padre y a sus amigos, en su charla se reflejaba el valor de aquellos ciudadanos que no deseaban ver a su tierra hundida en un idealismo absurdo y destructivo.
El tiempo seguía su curso y a eso de las seis de la tarde, ya había oscurecido. Yo me encontraba junto a mi amigo Walter, ambos salíamos todas las tardes a pasear por el vecindario montados en nuestras inseparables bicicletas. Cuando llegamos a la puerta de mi casa nos despedimos y segundos más tarde comenzaron a escucharse los primeros disparos, lo que más tarde se convirtió en un violento enfrentamiento entre el ejercito y las guerrillas.
Mi padre, como era la costumbre cuando comenzaba un fuerte tiroteo, se dispuso a asegurar las puertas y a colocar sacos con arena en las ventanas para que las balas no entraran en las habitaciones de la casa. Posteriormente nos resguardamos en un pequeño


salón al final de un pasillo pues era el lugar más seguro y alejado de la calle.
Teníamos suficiente espacio para las 11 personas que nos encontrábamos allí. Mi padre y cinco amigos, mi madre y mi hermana que tan solo contaba con un año de edad, la niñera de mi hermana, a quien llamaremos Nora, su bebé de ocho meses y yo.
Aquellos enfrentamientos ya no nos alarmaban en demasía, después de transcurridos dos años en la misma frustrante situación, ya se habían convertido casi en una rutina diaria.


Transcurrió una hora bajo aquel fuego cruzado, se escuchaban fuertes explosiones y gritos desesperados en la calle, de repente hubo calma durante unos quince minutos y cuando creíamos que ya todo había terminado, salimos del salón hacia uno de los corredores de la casa. Pensábamos que podíamos pasar al comedor para disfrutar de una cena típica que Nora había preparado, nunca imaginamos lo que estaba por venir...
Ya instalados en el comedor, nos disponíamos a comer, cuando se escucharon fuertes gritos desde la calle. Eran un grupo de insurrectos vociferando el nombre de mi padre y asegurando que lo matarían. Mi padre corrió enseguida a buscar su fúsil y uno de sus amigos que también estaba armado lo acompañó al segundo piso de la casa. De ese modo contaban con un lugar estratégico para hacerles frente a los insensatos que amenazaban con matarnos a todos, uno a uno.
Mi padre le ordenó a mi madre que buscará la manera de salvarnos a mi hermana y a mí, Nora lloraba desconsolada y los otros invitados comenzaron a palidecer. Mi madre llamó por teléfono al ejército, pero al apreciar su angustiosa expresión con la respuesta que recibió, presentí que algo terrible estaba sucediendo. En efecto, no me equivoqué, dos militares de mediano rango habían traicionado al alto mando militar, permitiendo que un centenar de insurrectos entraran hasta el seno de la segunda brigada de infantería. Todo era un caos, lo que sí le aconsejaron los del ejército, es que sacara su patriotismo a flote y que luchara por su vida. En esa fecha se estaba llevando a cabo la primera gran ofensiva comunista en todo el territorio nacional.
Mi madre siguió insistiendo, tratando de comunicarse con los demás cuerpos de seguridad: la policía, la guardia, la policía de hacienda, pero todo fue en vano, nadie contestó el teléfono.
Desde afuera se podían escuchar todo tipo de detonaciones de armas de diversos calibres, helicópteros disparaban desde el aire, se escuchaba el motor de los tanques de guerra, y era indicio que la mayor parte de la población debía “subsistir como pudiera”.
Traté de comunicarme por radio con familiares y amigos. Me fue imposible, lo único que se lograba escuchar eran mensajes que pedían auxilio, gente herida que clamaba por una ambulancia y la voz de una señora que suplicaba ayuda, su casa había sido sacudida por una granada fragmentaria. En aquellos momentos de zozobra, el único aliciente que me acompañó fue la fe que me había sido inculcada.


Mi padre como todo un valiente, comenzó a defendernos del fuego enemigo, estaba decidido a luchar por nuestras vidas hasta el final. Afortunadamente él y su amigo contaban con suficientes municiones para hacerle frente a los revolucionarios. Eran diez hombres contra dos pero eso no lo desanimó y siguió combatiendo con gallardía.
Era visible en nuestros rostros el temor que invadía nuestro corazón, lo único que me quedaba era rezar con toda la fe que puede tener un niño de ocho años, que estaba asistiendo al tercer grado en una institución católica. De momento recordé las enseñanzas del hermano Salazar, mi maestro de religión, quien siempre nos decía que en momentos de necesidad o peligro, acudiéramos con fe a “María Santísima”. En aquel instante recé y le pedí a la Virgen que no permitiera que mi hermana y yo quedáramos huérfanos.
Sabía que corríamos peligro de muerte, de pronto recordé que hacía un par de días, habían reparado parte del techo de mi casa que había sido dañado el invierno anterior. ¡Aleluya! Los contratistas habían dejado olvidada una enorme escalera en el traspatio.
La altura de la pared de aquella casa antigua era de aproximadamente unos treinta pies y lo único que se me ocurrió fue pedirle a mi madre que saltáramos el muro y huyéramos a buscar refugio en una casa vecina que colindaba con la parte posterior de mi casa. Por el momento fue la única posibilidad que teníamos para sobrevivir.
El amigo que acompañaba a mi padre había colocado objetos y muebles pesados alrededor de la puerta principal y cubrió en su totalidad todas las ventanas con más sacos de arena y piedra. Con éstas precarias medidas de seguridad nos protegíamos momentáneamente que una bala perdida nos quitara la vida. Segundos después corrí hacía donde se encontraba mi padre, le expliqué
mi plan, él me miró a los ojos y me dijo que nunca olvidará que me amaba y aunque muriera siempre iba a estar conmigo. En ese justo momento sentí que mi corazón se partía en dos, aun así, me sentía en la obligación de proteger a mi madre y salvar de la muerte a mi hermana, a Nora y a su pequeño bebé.
Los amigos de mi padre que no estaban armados colocaron la escalera y decidieron hacerle frente a los rebeldes con unos revólveres antiguos que encontraron en un cajón, en la biblioteca de mi casa. Al estar colocada la escalera, la primera que subió fue mi madre quien cargó a mi hermana en brazos, luego subió Nora con su bebé y finalmente subí la escalinata. En aquel instante me pareció como una especie de puerta divisoria entre la vida y la muerte.
Al estar en el techo pude darme cuenta que tendría que saltar un paredón de por lo menos
32 pies de altura, no había tiempo que perder, las balas perdidas pasaban a mis costados, y tenía que actuar enseguida. De pronto observé el jardín de varias casas, en una de ellas, se podía divisar un sinnúmero de árboles frutales y plantas tropicales. Caminé como unos veinte pasos y me di cuenta que podía saltar a un árbol de mango, bajar por sus ramas y


saltar alrededor de nueve pies hasta tocar tierra firme, y así lo hice.
Al tocar el suelo, le indiqué a mi madre que dejará caer a mi hermana desde el techo porque yo la alcanzaría con mis brazos antes que llegará al suelo. Eran momentos de gran tensión, las balas y las bombas ensordecían la noche, mi padre luchaba por salvarnos y yo tenía en ese momento la titánica misión de salvarle la vida a una niña de un año y a un bebé de ocho meses. Debía calcular perfectamente el trayecto de la caída de lo contrario podrían ambos sufrir graves fracturas e inclusive morir en el acto.
No podíamos echarnos para atrás, teníamos que actuar; en ese momento le grité a mi madre ¡ahora! Y como si el tiempo si hubiera hecho más lento, observé como mi pequeña hermana descendía desde lo alto hasta caer entre mis brazos. Le di gracias al cielo, respiré profundamente y repetimos la operación, esta vez con el bebé de Nora. Al ser lanzado su bebé, ella comenzó a llorar de nuevo y en un abrir y cerrar de ojos ya lo tenía conmigo. La primera fase de nuestro plan había dado resultado, ambos niños parecían entender lo que estaba sucediendo y no exclaman por el momento gemido o llanto alguno.

Mi madre y Nora, también llegaron a tierra firme, sus rostros estaban angustiados y sus vestidos rasgados por las ramas de los árboles. Por lo pronto nos encontrábamos temporalmente a salvo. No había pasado ni medio minuto cuando se nos acercó un anciano, quien empuñaba su arma de bajo calibre. Se veía dispuesto a disparar, pero inmediatamente logró reconocernos y aunque no le pareció la idea que estuviéramos agazapados en su casa por propia seguridad, él y su esposa decidieron darnos albergue.
Los dos vecinos eran don Juan y doña María, ambos se encontraban solos en la casa y parecían muy serenos ante aquel ataque de barbarie que estaba sufriendo nuestra ciudad.
Doña María decidió que todos debíamos permanecer juntos, escondidos en una sola habitación. Aquella morada de corte colonial, tenía por lo menos siglo y medio de antigüedad, sus dimensiones eran enormes, con paredes inmensas que traspasaban los cinco pies de grosor, techos de hasta 30 pies de alto y cuartos descomunales.

Antes de llegar a la que sería nuestra trinchera, tuvimos que bajar varios escalones, nos dirigíamos a oculto y misterioso sótano. Al llegar allí, pude advertir que estábamos en una bóveda que más parecía ser una especie de hemeroteca y galería de antigüedades. En el fondo de la misma, observé un altar con veladoras encendidas y varias imágenes de entre las cuales sobresalía una estatua de “María Auxiliadora”. Me acerqué a ella y cerré los ojos, oré por un par de minutos y le supliqué que nos salvará la vida a todos. Cuando abrí los ojos, de momento me sentí iluminado por el resplandor de un hermoso rosario cristalino que adornaba la túnica de terciopelo de la Virgen.
Mi madre se sentó en el suelo, tenía en brazos a mi hermana, lo mismo hizo Nora.


Eventualmente todos dispusimos acomodarnos sobre una alfombra persa que estaba cerca de la puerta del sótano. Las balas seguían sacudiendo la ciudad, las bombas explotaban a cada minuto, a mí me preocupaba en extremo la suerte que había corrido mi padre. Pasaron casi tres horas y todo seguía igual, no había tregua alguna y la esperanza de volver a ver a mi padre con vida poco a poco se iba desvaneciendo.
De pronto se escuchó una explosión ensordecedora, parecía provenir del otro lado de la calle, la angustia y el sufrimiento pudo más que mi razón e intenté salir del refugio e ir a buscar a mi padre, pero no pude hacerlo, no me lo permitieron.

Al poco rato se escucharon unas voces que llamaban a mi madre, ella reconoció la voz de uno de los amigos de mi padre y entonces don Juan subió los escalones y condujo a dos amigos de mi padre al escondite.
Debido a la pesadumbre que reflejaban en el semblante, imaginé que eran portadores de malas noticias, se dirigieron a mi madre tratando que yo no escuchara, pero fue imposible, un dolor indescriptible se apoderó de mi al enterarme de la noticia. Los terroristas habían lanzado una bomba a la fachada de la casa y lo más probable es que mi padre había perecido en el ataque.
Mi madre lloró en silencio, la pesadumbre no podía ser mayor, todo era confusión, tristeza y lágrimas. Mi pequeña hermana aunque quizá no comprendía la magnitud de lo sucedido, comenzó a llorar, era aquella la escena del caos total.

Doña María nos exhortó a mantenernos en silencio porque aunque nuestra guarida era casi indivisible desde los corredores y el jardín, alguno de los rebeldes podría llegar hasta nosotros guiado por nuestras voces. A lo lejos se escuchaban gritos de los insurrectos proclamándose victoriosos y jactándose que acabarían con todos sus opositores. Eran alaridos enajenados, parecía que la vida no les importaba, lo único que deseaban eran hacer sucumbir a la frágil democracia que reinaba en aquellos años y entregarnos a las mentes perversas que les habían lavado el cerebro en el extranjero.

Aquellos infaustos, repetían cada cinco minutos varios nombres de personas que eran conocidas en toda la ciudad, políticos, empresarios y activistas religiosos eran los primeros en la lista de los que tenían que morir. Sentía tanta ira en contra de los criminales subversivos, pero entendía al mismo tiempo que me encontraba con las manos atadas. La impotencia se había adueñado plenamente de todos los que nos encontrábamos en aquel refugio.
La cruel desdicha que nos embargaba nos mantenía casi inmóviles, cuando súbitamente, observé que la llama de una vela del altar había comenzado a quemar parte de la túnica de la Virgen y amenazaba con causar un incendio. Todos corrimos al mismo tiempo a sofocar el fuego y en ese preciso instante, escuche una potente detonación. Segundos más tarde, perdí el conocimiento.

No sé cuánto tiempo transcurrió, cuando finalmente desperté pude observar que aquel enorme sótano había sido reducido a un pequeño cuarto cubierto por escombros. Los guerrilleros habían bombardeado la casa y ya casi no se podía escuchar nada, estábamos cubiertos por pesadas paredes que no permitían que entrará la luz o los ruidos del exterior. Tan solo una pequeña vela sobrevivió a la explosión y por el momento era la única iluminación con la que contábamos.
Me sentí un tanto aliviado cuando vi los rostros de mi madre y mi hermana, estaban todas cubiertas de polvo y tierra, pero seguían con vida. Poco a poco observé que todos estábamos casi ilesos después de aquel ataque inmisericorde. Me di cuenta que habíamos quedado todos frente al altar y la dimensión de nuestro escondite no pasaba de 12 pies cuadrados.

Doña María parecía un tanto sofocada, su esposo trató de consolarla, la situación se había vuelto aun más difícil. Nueve personas nos encontrábamos en aquel escondrijo que se asemejaba a una cueva sin entrada ni salida. Uno de los amigos de mi padre observó su reloj y ya había pasado más de 9 horas desde que comenzó el enfrentamiento. Eran las tres de la mañana, comenzábamos todos a tener hambre y sed, pero no había manera de poder salir de aquella fortaleza improvisada.

Las horas seguían transcurriendo y la desesperación en nuestros rostros lo decía todo. Ya había pasado un día entero desde que quedamos soterrados y parecía que nadie acudiría a rescatarnos. Solamente contábamos con la compañía de dos imágenes que habían quedado intactas en el altar y unas cuantas velas que utilizábamos para iluminar el lugar.
A lo lejos, se escuchaban detonaciones lo cual nos hizo pensar que aquella pesadilla no había terminado.
Al amanecer del siguiente día, pudimos divisar unos reflejos de luz muy diminutos que entraban desde el techo y resplandecían en el altar. No se escuchaba ningún ruido, nuestro temor era que aquellos bloques de adobe comenzarán a caernos encima y nos arrancaran la vida.

Teníamos ya un día y medio de estar soterrados y parecía que sólo un milagro podría salvarnos. Por varias dejamos de escuchar ruidos de tanques o detonaciones, no sabíamos que ocurría, las velas ya se habían terminado y ahora contábamos únicamente con un reloj y unos diminutos destellos solares que entraban por un casi microscópico orificio. Pensamos en diferentes alternativas para salir de allí, pero todo intento resultó inútil, no podíamos ni siquiera intentar llegar al techo porque aquellos enormes paredones amenazaban con desmoronarse.
Doña María ya no podía levantarse del suelo, todas las emociones vividas, pensar que su casa estaba en ruinas y la debilidad por falta de buen descanso y alimento, empezaban a hacer estragos con su salud, que de por si no andaba del todo bien. Don Juan relataba sucesos de guerras anteriores que habían sucedido en las primeras décadas del siglo.


De momento sus relatos menguaban nuestra agonía. Mi madre consolaba a mi hermana, Nora a su bebé. Por suerte los niños podían ser amamantados y no sufrieron tanto del hambre y la sed que nos embargaba a todos. Los dos amigos de mi padre se sentían inútiles por no poder hacer nada y a la vez alarmados porque no saber la suerte que pudieron haber tenido sus familiares. Estábamos totalmente aislados del exterior. Yo sufría en silencio, al pensar que mi padre había muerto en aquella explosión dos días atrás. Por momentos nos mostrábamos más tranquilos, rezábamos y hasta pedíamos perdón por todas nuestras culpas, parecía que nuestros días estaban contados.

Cuando todo parecía más oscuro que nunca y la esperanza empezaba a desaparecer, sucedió un hecho que nos dio un alivio momentáneo. Un perro estaba ladrando muy cerca de nuestro escondite subterráneo, no sabíamos adónde, parece que los ladridos venían de la parte posterior de la casa. Me dispuse a escuchar atentamente y observe que los ladridos provenían de aquel pequeño orificio por donde entraba la luz. Don Juan comenzó a llamar al perro, sus ladridos le eran familiares y parecía ser la mascota de otro vecino, el perro reconoció la voz de don Juan y comenzó a escarbar, pero nada sucedía, el orificio era muy profundo y demasiado pequeño, así pasaron varias horas, quizá el perro fue a buscar comida para calmar el hambre porque desistió y no se volvió a acercarse al lugar.
Ya había anochecido y la pesadumbre se había posesionado totalmente de nosotros. Estaba por terminar el segundo día en aquel callejón sin salida y toda ilusión de ser rescatados se iba apagando lentamente.


Comenzábamos el tercer día en cautiverio, ya el temor de ser asesinados por los rebeldes había desaparecido, lo único que nos importaba era salir de aquel lugar, el aire comenzaba a faltar, doña María estaba muy mal, necesitaba un medicamento para la diabetes y otro para la alta presión. Cuando le veía creí que ese mismo día moriría. Teníamos casi tres días de no comer ni beber. La situación por más paciencia y fe que tuviéramos no dejaba de ser deplorable
Era día martes, consultamos el reloj y eran alrededor de las nueve de la mañana, la desesperación era evidente en nuestros gestos, nada calmaba nuestro pesar. Mi pequeña hermana apenas podía moverse, la falta de aire se hizo cada vez más latente, doña María casi no podía hablar y su esposo temía lo peor.

En las primicias del mediodía se escucharon unas voces a lo lejos, cuando las escuché, grite fuertemente ¡aquí! ¡Aquí estamos!, Ayúdennos... poco después no se escuchó más nada. Transcurrió alrededor de una hora cuando escuchamos los estruendos de un motor, parecía ser una grúa que removía lentamente los escombros, al enterarnos que estábamos siendo rescatados, sentimos volver a la vida. Pasaron alrededor de dos horas antes que el primero de nosotros pudiera ser rescatado de aquel purgatorio.


Lentamente fuimos saliendo uno a uno, doña María fue atendida de emergencia por los paramédicos y minutos después comenzó a dar señales de recuperación. Mi madre tenía heridas en una pierna, el bebé de Nora estaba un poco deshidratado, mi hermana muy asustada.En fin, todos estábamos hambrientos y deshidratados. Teníamos más de alguna dolencia tanto física como emocional.

Cuando salimos de nuestro claustro involuntario, me di cuenta que solamente una parte de la casa había sido dañada, y le pregunté al grupo de rescate cómo es que habían dado con nuestro paradero. Parece ser que salía un colorido reflejo por un diminuto orificio y eso fue lo que orientó a uno de ellos a cercarse a los escombros, inmediatamente pensé que había sido aquel hermoso rosario de cristal, que haciendo contacto con la luz del sol reflejaba destellos de colores que llegaron hasta la superficie, inmediatamente le comenté a don Juan que había sido el rosario que adornaba la túnica de Maria Auxiliadora el que nos había salvado la vida. Él me miró muy impresionado y me contestó que la Virgen no tenía ningún rosario, yo le expliqué como era. Él continuó con su negativa.

Para salir de dudas nos dirigimos nuevamente al lugar de los hechos y en efecto, la imagen de la Virgen no tenía rosario alguno, yo insistí en que lo había visto y lo describí detalladamente. Cuando terminé de hacerlo, él se dirigió a una de las habitaciones de la casa, habitación que afortunadamente no sufrió daños después de la explosión. Cuando regresó observé que traía en sus manos el mismo rosario que yo había visto en la túnica que adornaba la imagen de la Virgen, parecía imposible de creer. El rosario era de doña María y estaba en la mesa de noche de su recamara.

Definitivamente había ocurrido un hecho sorprendente, no había salido de mi asombro cuando escuché la voz de mi padre, llamándonos, lo miré y corrí hacia él. También había sido rescatado de entre los escombros y aunque había sufrido una herida de bala, tanto él como sus otros tres amigos estaban a salvo. Aquel terrible enfrentamiento había terminado un día antes, pero aún se escuchaba a lo lejos, el ruido de balas dispersas.
Los revolucionarios comunistas habían sido temporalmente derrotados, la mayoría de ellos, huyeron buscando esconderse en las montañas cercanas a la ciudad. Mi casa, tuvo en parte que ser reconstruida. Pasaron más de dos meses hasta que pudimos habitarla nuevamente.
Por aquellos días nos hospedamos provisionalmente en casa de mis abuelos paternos. Cada uno de nosotros tenía algo terrible que relatar. La guerra no terminó y vinieron después meses y años muy grises marcados por la ley marcial y el toque de queda. Pero de momento me sentía aliviado de poder estar al lado de mis padres y mi hermana. Estando juntos podíamos enfrentar cualquier situación que se presentara. Ese día comprendí que había sido testigo de un milagro de la fe, fueron mis ojos los únicos que


vieron el rosario en aquella túnica, la imagen de la Virgen se mantuvo intacta aun después de la explosión. Lo material podía reponerse eventualmente. Mis padres estaban vivos, María Auxiliadora nos había asistido en cada momento de nuestra agonía.
Desde aquella fecha y hasta el día de hoy, rezo diariamente el rosario. En algunas ocasiones le rezo completamente, otras, un par de misterios, pero nunca olvido hacerlo. La costumbre de rezar se ha vuelto parte de mis prioridades diarias. En aquellos momentos de grande tribulación prometí hacerlo. He sido testigo con el paso de los años que no hay milagro que no se cumpla si se acude con verdadera fe y devoción al amparo de la Santísima Virgen María.




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cipotes : La Reforma Migratoria
Enviado por Escritor10 el 29/7/2006 22:24:25 (2835 Lecturas)
cipotes

Los Astros y la Reforma Migratoria

El presente año 2006ha sido catalogado 
como uno de los más activos en cuanto a 
movilizaciones políticas que apoyan una 
reforma migratoria justa para 
los inmigrantes ilegales en los Estados Unidos
.
La opinión pública en cuanto al tema se encuentra  
bastante dividida
Muchos de mis entrevistados 
oriundos de California
TexasNevadaColorado 
y Nueva York opinan que el “Boicot” que se 
realizó meses atrás fue un “tremendo error”


No entiendo cómo alguien que dice querer este 
país es capaz de crear un día de caos con el 
famoso boicot a la economía
,” simplemente no 
lo entiendo”
Esto es lo que piensa <<Patricia Mize>>
 
Afro americana residente de CaliforniaSegún ella
es urgente que el gobierno haga algo 
para cambiar el sistema actual

ya que se están gastando recursos 
valiosos en programas dirigidos a personas que 
han entrado ilegalmente al país
Existe un
 consenso general que apoya la inmigración legal
.
 
Es evidente que la mayoría de ciudadanos de 
los Estados Unidos están muy preocupados por
 este tema y le piden al gobierno 
que actúe inmediatamente
.


<<
William Maples>>, maestro de high school
opina que es necesario brindarles educación a 
los niños y jóvenes inmigrantes que ya están 
en los Estados Unidos
.
¿Qué pasaría en 10 ó 20 años si no se educa 
a nuestra juventud sea inmigrante o no
?
Habría  un retroceso tremendo en educación no 
solamente en California en los estados con 
gran afluencia de inmigrantes y esto 
no es conveniente para mi país
comentó
 Mr
Maples.

Siempre trato de ser justo en mis apreciaciones 
y siendo inmigrante
este tema es de vital 
importancia no sólo para mi futuro sino 
para el futuro de mi comunidad hispana
.
En este caso la astrología y la posición 
de los astros nos dan una luz de esperanza 
con respecto a la reforma migratoria

En el mes de noviembreJúpiterel planeta 
que todo lo expande hará un tránsito de un 
año en el signo de Sagitario
signo que 
rige la política
el extranjero
la filosofía y la religión

Este aspecto planetario resultará benéfico 
al proceso migratorio que ahora se 
encuentra enroscado en una serie de 
trámites que parecen no tener fin

La influencia de Júpiter será benéfica 
porque la energía de este enorme planeta 
alimentará en la gran mayoría sentimientos 
de fraternidad y justicia
.
Lo más probable es que para fin de 
este año o en los primeros meses del 2007 
se haga en el senado y en el congreso 
una decisión 
final respecto a la reforma 
migratoria
.

Como buenos inmigrantes ya es hora que 
hagamos lo justo y demostremos con buena 
fe el por qué queremos quedarnos
Debemos 
luchar para engrandecer aún más a esta gran 
nación que nos ha abierto sus puertas

Es hora de dar lo mejor de cada uno de 
nosotros para que el pueblo norteamericano 
observe nuestro esfuerzo
sacrificio y 
buena voluntad


Los hispanos somos como un inmenso 
arco iris cubierto de cultura
música y 
tradiciones ancestrales
Somos un pueblo 
bondadoso y debemos hacernos sentir con 
firmeza pero
al mismo tiempo con mucha humildad
Ojalá que 
no se vuelva a repetir un “boicot” semejante 
al de meses atrás porque el resultado 
fue desastroso ante la opinión de muchos 
norteamericanos y todos salimos perjudicados
.
Pidamos con humildad que se nos 
conceda 
<<una oportunidad>> para demostrar
 que nosotros
 ”los inmigrantes latinos”  
también aportamos en el engrandecimiento 
de esta gran nación
a la que también 
amamos como propia
.









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cipotes : El Rey Zope (original de don Memo R Díaz.)
el 10/4/2006 1:24:30 (3052 Lecturas)
cipotes

Creo necesario que nueva generación de guanaquitos /tas, conozca lo nuestro.
Don Memo Díaz, un gran Salvadoreño que reside en Los Angeles, California es un escritor contemporâneo y merece que todos los Guanacos lo conozcan.
El es el autor de Entrevista con la Siguanaba, y muchismas otras obras. Desde que leí El Rey Zope ya hace como cinco años la he andado buscando para que con el permiso de don Memo se pueda leer aquí tambièn. Conozco a don Memo, es de lo mas lindo que existe! Eramos miembros de un chat harâ unos 10 años! Estoy segura de que no se molestarâ si viene y se encuentra con "El Rey Zope" ( Gracias Don Memo!) Aless Fergusson.


EL REY ZOPE

Un súbito “ring, ring” hacía que dejara la comodidad de mi sillón favorito para contestar el teléfono. Era el editor de la página “Cuscatlán” del Internet para decirme que iba haber un concurso de aves aquí en Los Angeles, Ca. y quería que yo fuera a entrevistar al representante de El Salvador.

Yo estaba tan entretenido viendo el fútbol en la televisión que no le pregunté quien era nuestro representante. Así que el día siguiente, me fuí al Centro de Convenciones de Los Angeles; pagué mis 10 bolas de Parqueo y 15 por la entrada y empecé a preguntar por el ave nuestra y nadie me daba ninguna información.
Como todo un reportero cachimbón, tipo Clark Kent, me metí en medio de las jaulas de las aves para ver si reconocía alguna que me fuera familiar. Ví al majestuoso Cóndor peruano, al águila calva americana, al precioso quetzál de Guatemala, avestruces del Africa, patos chinos, cormoranes de la Polinesia, aves del paraíso, tucanes, flamencos, etc. y seguía buscando y nada...
De repente oigo un sonido que me hacen desde una esquina del edificio. “Psst,Psst”. Sonido familiar que me hizo recordar cuando iba a algún restaurante allá en El Salvador y quería llamar la atención de la mesera. Volteo a ver quién me llamaba ¡y era un escuálido y feo zopilote!... y me dice:

-Zope: ¿Vos sos el que me viene a entrevistar?
-Memo: Sí, yo soy el corresponsal de Cuscatlán aquí en Los Ángeles. ¿Es usted el ave que va a representar a El Salvador?
-Zope: ¡Simón!
Memo: ¡Pero no puede ser. Yo pensé que iba a ser otra ave!
-Zope: ¿Otra ave, como cual?
-Memo: No sé. Como el Torogoz, el Senzontle, la Guacamaya, el Chupamirto, alguno así.
-Zope: Mirá. Se hizo un concurso en el canal 4, el del gato. Y yo salí ganador gracias al apoyo de mi querido y sufrido pueblo salvadoreño.
-Memo: ¿Usted. Un pinche zopilote?
-Zope: ¡Pinche será tu abuela, maje!
-Memo: Perdón señor zope. Es que realmente estoy sorprendido
-Zope: A vos también te dejé apantallado con mi estilacho, vaá!

Y extendiendo sus negras alas se dá una vuelta para que lo mire de pies a cabeza.

-Zope: ¿A poco no me hallás parecido a Michael Jordan?, el que dicen que también vuela. Le dicen “Air Jordan”. Sabés una cosa, allá los cipotes en El Salvador ya no qieren usar zapatos Bracos o Par Dos. Hoy sólo quieren Air Nike; porque les han dado la paja que con esos zapatos van a ser como él. “Be like Mike”, dice el comercial. Y dejan a sus pobres tatas en las lonas por comprarles los dichos zapatos.

-Memo: Pues aquí pasa lo mismo, cada par vale más de 150 bolas, y cada dos meses hay que comprarles los que van saliendo de moda, porque si no, los cheros de la escuela les van a decir que no están “in”. Pero ya nos salimos del tema y mejor sigamos con la entrevista. ¿Le perece señor Zope?

-Zope: De acuerdo, pero ya no me hablés de usted. Habláme de vós, como hablamos los guanacos.
-Memo: Ok, you got it
-Zope: ¿You mama qué? ¿qué es esa onda?
-Memo: Perdón. Es que se le pega a uno el hablar así, con tantos años viviendo aquí en USA.
-Zope: Si te comprendo. Así llegan hablando un montón de bayuncos allá. Apenas tienen seis meses que se vinieron de mojados a los Estados Unidos y ya se les olvidó el Español. Y lo peor del caso es que tampoco aprenden a hablar correctamente el Inglés. Y quieren llegar apantallando de muy gringos.
-Memo: Bueno, sigamos. ¿Y cómo fue que ganó el concurso?
-Zope: Bueno, cómo te decía. Gané el concurso por elección de mayoría de votos. Ya sabés que está de moda esta onda de la democracia. Y hasta en El Salvador las decisiones se hacen en base a la mayoría de votos; no como antes que sólo lo que los cachuchudos decían, eso se hacía.
-Memo: ¿Y usted salió vencedor?
-Zope: ¡Simón!. Gané gracias al voto popular, porque yo vengo del mero pueblo salvadoreño. Le gané al perico del Externado de San José, porque sólo repite lo que le dicen, no piensa. Le gané al Dichoso fuí, que se quedó chiflando como los ex-terratenientes y oligarcas: “Hay que dichoso fuí¨... Le gané a la Guacamaya que presentó el Grupo TACA, porque ni coger puede...
-Memo: ¿No puede coger?
-Zope: Coger vuelo. No me dejaste terminar la oración.
-Memo: Menos mal. Yo ya estaba pensando mal.
-Zope: Además, què mejor ave para representar a El Salvador que yo. A ver, decime, ¿cuál es el pájaro que se ve más en nuestro País?
-Memo: Pues pensándolo bién. ¡Los zopilotes! ¡A la púchica, ya empiezo a entender por qué ganaste!
-Zope: Ya ves. Allá en El Salvador ya ni los pericos pasan por las tardes como antes. Y Guacalchías y Chiltotas ya casi están extintas porque ya no tenemos bosques debido a la tala indiscriminada de árboles. Y el chompipe no salió electo por eso, por Chumpe.
-Memo: ¡Pero saben bien rico!
-Zope: Eso si es cierto. En pán francés, con su lechuguita, tomatío y escabeche
-Memo: ¿Y vos comés Pavo también?
-Zope: Yo como de todo.¿Ya no te acordás?
-Memo: Si ya me acordé. (Haciendo un gesto de disgusto)
-Zope: ¿Y qué tiene de malo lo que yo como?
-Memo: Pues que sólo comés porquerías
-Zope: Más porquerías comen uds. y no dicen nada. Sólo fijate que los puercos comen cosas peores que yo. Después uds. los haces chicharrones y se los comen con yuca frita. Eso si es porquería.
-Memo: Sí, creo que tenés razón.
-Zope: Además aunque no lo creás yo sirvo una función sanitaria, y ni me lo agradecen. Yo límpio de impurezas los promontorios de basura que dejan uds, los humanos. Y si me alimento de mis hermanos animales muertos es para eso que me creó nuestro Padre Celestial, para que no se desperdicie nada. Pero yo no mato a nadie para comer. No cómo los humanos que se matan los unos a los otros para quitarle el pan al prójimo y que cazan a mis amigos como el venado y el jabalí y les cortan las cabezas para ponerlas como troféos en las salas de sus casas. ¡Eso sí es crueldad!

Poco a poco éste pajarraco me dejaba más impresionado con sus palabras, así que seguí haciéndole más preguntas pues había despertado en mí mucha curiosidad.

-Memo: ¿Y creés que ganarás este concurso con tan buena competencia que tenés?
-Zope: ¡A huevos!
-Memo: No digás malas palabras.
-Zope: ¿Y porqué son malas palabras?. Yo lo digo porque nosotras las aves nos reproducimos por huevos.
-Memo: Me sacás de ondas vos con tus respuestas. Mirá zopilote, tu plumaje es negro y sin lustre. Y para serte franco , sos bien feo y no creo que podás ganar el concurso.
-Zope: ¡Feya la Ciguanaba! Yo soy chulo para mi zopilota y así, negro y pelón, me quiere. Además, la belleza se lleva en el corazón y en los actos con el prójimo. Las demás aves tendrán un plumaje muy hermoso y de colores muy vivos; pero de nada les sirve. Sólo son puro plante. Yo en cambio heredé el corazón noble y trabajador de los Pipiles. Fijáte que tus antepasados me consideraban “Ave Sagrada”; porque pensaban que yo llevaba las almas de los animales que morían hacia Tonatiuh, el dios sol. Y el color negro es un color muy elegante y de prestigio. Si no, sólo fijáte en las fiestas de las viejas fufurufas de la alta sociedad. Los hombres y las mujeres van de negro.


-Memo: ¡Achís, no me había dado cuenta!
-Zope: Ya me dí cuenta que sos medio tarado. Como reportero no la hacés. Ademas ¿qué objeción le ponés a que yo sea negro?
-Memo: Es que en El Salvador no hay negros y por eso...pues!
-Zope: Lo que pasa es que vós también sos medio racista aunque no lo querrás reconocer. Nosotros los salvadoreños somos los primeros en quejarnos de la discriminación aquí en los Yunais, y nosotros también discriminamos contra nuestros hermanos mexicanos, coreanos, negros, etc. Y aún en El Salvador lo hacemos contra los pobres de las zonas marginales, obreros, homosexuales y campesinos porque los consideramos “inferiores”.

La claridad de pensamiento de éste animalejo me había dejado anonadado. Y más inquisitivo seguí con la entrevista.

-Memo: ¿Y tenés alguna cualidad especial. Hablás algún otro idioma?
-Zope: Soy tri-lingue. Hablo Español, Caliche y Paja. Y le hago un poco al Pitinglish.
-Memo: ¡Ah, sabés Inglés! A ver, como se dice: ¿Cómo está usted?
-Zope: Jaguar yú!
-Memo: Ok, contame del uno al cinco.
-Memo: Guán, tuú, trií, for, fay.
-Memo: ¡Veo que sabés algo!
-Zope: ¡Vengo bién trucha con el Inglish. Estoy estudiando Inglés en un método que le compré a un Coyote allá por el Hula Hula en un puesto de cassettes piratas. El maistro que me los vendió me lo dió en mil quinientas chuyas. Es un curso chaveliado de Follow me to América, que anuncia Don Francisco de Sábado Gigante. Por cierto que él estuvo hace poco en El Salvador y lo recibí con todos los honores en mi casa del Cerro de San Jacinto.
-Memo: Vos vivís en el Cerro de San Jacinto?
-Zope: Yes en Inglés, tacataca en Japonés, Huí huí en francés. Mi casa está en el Teleférico San Jacinto.No vés que és “El Reino del Pájaro y la Nube”.
-Memo: ¿Y tenés algún talento en especial?
-Zope: Ya me estás encachimbando con esas preguntas. Desde que empezaste la entrevista no has hecho más que puras preguntas babosas. Ya estás igual que la Cristina Saralegui y el pedante de Enrique Gratas.
-Memo: ¿Y cantás siquiera?
-Zope: No. Pero tampoco canta Enrique Iglesias y mirá lo famoso que és, y el montón de pisto que está haciendo.
-Memo: ¿Y entonces, con qué cualidades pensás ganar el concurso?
-Zope: ¡Yo tengo mis cualidades!. Mirá. Todos los salvadoreños tenemos muy buenas cualidades y algunos defectos. Pero si hacemos un balance tenemos que decir que son más las cosas buenas que las malas. Hay, y han habido, muchos salvadoreños con grandes aptitudes y talentos en todos los campos; tanto artísticos como profesionales, empresariales, etc. Nosotros tenemos que apoyarlos pués representan lo que somos, nuestra cultura, nuestro pensamiento, nuestra sangre, nuestra familia, nuestra patria. Sólo date cuenta de algunos que nos representan. En las letras: Alfredo Espino, Salarrué, Claudia Lars, Masferrer, Gavidia, etc. En la música: Pancho Lara, Granadino, Cándido Flamenco. En la música contemporánea: Alvaro Torres, Marito Rivera, Los Hnos. Flores, etc. Y aún en los deportes que casi no sobresalimos por nuestra falta de constitución física, hay tenés a Ana Mercedes Campos, al chaparro Cienfuegos, a Díaz Arce, a Cerritos, al Mágico Gonzales, a la Chelona Rodríguez, a “Cariota” Barraza, a Pipo Rodríguez, al Pelé Zapata, a Mon Martínez, etc.. Así que tenemos muy buenos representantes. Y además aunque la mayoría de salvadoreños no sobresalgamos en algo, somos un pueblo que no le aturramos la cara a ninguna clase de trabajo, por difícil y duro que sea. Sino, sólo date cuenta que los trabajos más yuca aquí en los Yunais los tienen los salvatruchas, y por eso somos admirados por los demás. ¡Donde hay un salvadoreño no hay problemas, sólo soluciones!
-Memo: ¿Y después que termine éste concurso que pensás hacer?
-Zope: Pues a lo mejor lánce mi candidatura para presidente de la república. ¿Si en Venezuela una ex-Miss. Universo se lanza para Presidente, y en Argentina un ex-cantante lo hace también, ¿porqué yo no?
-Memo: Vós no podés gobernar porque sós un animal.
-Zope: Por si no te hás dado cuenta, los animales somos los que hemos gobernado a El Salvador en éste siglo que ya casi se nos va. Primero fueron los gorilas que gobernaron por muchos años. Luego llegaron los pescados a casa presidencial; pero duraron poco porque salieron podridos. Y hoy creo le toca el turno a uno que venga de verdad del pueblo. Uno así como yo. Que realmente represente la clase trabajadora, que és la gran mayoría del pueblo salvadoreño.

Estaba a punto de tirarle la última pregunta cuando un sonido en los parlantes anunciaba que el concurso estaba por comenzar y que los concursantes se tenían que alistar.

-Zope: Bueno mano, yo me tengo que ir a “Chainiar” y ponerme “Tiperia”. Sólo me voy a hacer gárgaras de Astringosol y echarme un poco de Aqua Velva debajo de las alas para que no me “rujan”. ¡Así que hay los vidrios compa!
-Memo: ¿No querés mandar un último saludo?
-Zope: Si claro. Un saludo muy caluroso a todos mis compatriotas en todo el mundo y muy especialmente a los que lean ésto en el Internec.
-Memo: Se llama Internet.
-Zope: Es que me cuesta decirlo. Y que guarden pisto, por si algún día regresan a vivir a El Salvador no lleguen acabados. Porque allá no hay Welfare!
-Memo: Vos sabés de éso también?
-Zope: Soy zope, no burro!

Y así terminó ésta entrevista. No sin antes desearle suerte y extenderle mi mano a su ala negra, que yá no me parecía féa y repulsiva como al principio. Y me fuí a las graderías sintiéndome muy orgulloso que esta ave tan odiada y mal entendida por muchos de nosotros nos iba a representar de la mejor forma posible. Este pajarraco había cambiado completamente mi forma de pensar hacia ella. Y ya no me importaba si ganaba o no. El Rey Zope ya era ¨”El Rey de las Aves” para mí.

Saqué mi banderita azul y blanco que llevaba en el bolsillo, y junto a otros salvadoreños que estaban en las graderías empecé a cantar a todo pulmón, ésas notas que todos conocemos y que dicen:

“Saludemos la patria orgullosos,
de hijos suyos podernos llamar..."

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cipotes : Segundo lugar en Miss Universe
Enviado por Escritor10 el 21/3/2006 22:36:03 (8256 Lecturas)
cipotes

(segunda de izquierda a derecha)
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Acotación:

Ella fue Maribel Arrieta Gálvez
quien obstentó el Segundo lugar
en Miss Universe en 1955 y también
fue escogida como Miss Congenialidad
en ese mismo evento. También fue coronada
como Miss América Latina en 1953.
En 1961 se casó con un Barón Belga
y se convirtió
en Baronesa



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cipotes : " EL DIA DE LA iGUANA " ( por Aless Fergusson
el 20/3/2006 21:54:11 (3422 Lecturas)
cipotes

El Día de la Iguana
Original de Aless Fergusson @
Era por el año... ya ni me acuerdo cual, estaba yo demasiado cipota para acordarme de todo, además en esos días ni sabía yo lo que era un calendario. Bueno la cosa es que siempre a cierta hora del día me asomaba a la puerta de la tienda de mis abuelitos a ver pasar gente, porque se paraban y me chuleaban porque yo era una bichita bien chula, decían.

Afortunadamente entonces hombres y mujeres no estaban tan corrompidos como ahora, podíamos jugar en la calle en cualquier parte y nadie secuestraba niños. Siempre había gente malvada, eso sí, pero eso se los contaré otro día.

Como les venía diciendo, estaba yo sentada en el quicio de la puerta cuando pasó la nia Lipita. Se detuvo y me preguntó por mi tía Rosita, me volví hacia el interior de la tienda, una de las puertas daba a la sala y la otra puerta a la panadería de mi abuelita, y por la primera le grité:
-¡Tiaaaaaaaaaaaa! La nia Lipita la buscaaaaaa-
Salió corriendo mi tía y me hizo de señas que me callara. A saber por qué quería que me callara, así es que, toda achicadita me senté otra vez en la grada de la puerta. Se fue ella hacia donde la nia Lipita estaba esperándola, y sólo vi que se reían.
De una bolsa grande de tule la nia Lipita sacó algo que hizo que mi tía diera un paso atrás y luego, como recuperándose comenzó a reír a carcajadas, lo mismo hizo la nia Lipita luego se fueron caminando por la acera.

La nia Lipita era una muchachona con el cuerpo de Sofia Loren, y su caminado como sólo las mujeres de Sonsonate pueden caminar, así balanceadito como las palmeras en movimiento con el viento rico, después de todo Sonsonate es la Ciudad de Las Palmeras.

Tendría la nia Lipita como veintidos años con un pelo colocho a la espalda, trabajaba en un taller de flores y era muy bonita, y como yo veía como ella caminaba, decía: -algún día voy a caminar así como la nia Lipita- Y me iba para dentro de la casa y la imitaba al caminar, yo quería caminar como ella así es que practicaba todos los días después que la nia Lipita pasaba en la acera opuesta a la casa y panadería de mis abuelitos.

Ella tenia novio, un muchacho humildito, su trabajo era en una ladrillera, hacía ladrillos de la manera mas rudimental no es como ahora que todo es a máquina. Una vez fuimos con mi tía y la nia Lipita donde trabajaba don Chepe, así se llamaba el novio, bien pechito pero con carita fina ojos azules, ¿de dónde los ojos azules? Pues quién sabe, sólo hay que acordarse que de Acajutla llegaban extranjeros de las Europas y se asentaban ahí pegando hijos a diestra y siniestra. También el conquistador español “el hombre rubio”, de las leyendas Mayas hizo y deshizo del querido Sentontlat (lugar de los 400 ojos de agua) como también se le llama en Nahualt a Sonsonate.

Pero no me salgo del guacal, sigo adelante con la historia de don Chepito.
Fuimos a saber a qué, mi tía me llevaba de la mano, sólo vi que el pobre novio de la nia Lipita tenía los pies dentro de un lodazal, y con sus pantalones arrollados a media canilla chapusiaba ahora con un pié, ahora con el otro, y así, en ritmo movía las canillas, estaba trabajando, me dijeron, pero yo ví que era galán jugar lodo así, me dijeron que preparaban los adobes y los ladrillos. Se me quedó en la cabeza eso y cada vez que oigo la frase “metiendo las de batir lodo” me acuerdo de don Chepito.

Como me interesaba más ver como “jugaban con lodo” yo me quité los zapatitos y calcetines, y en un pedazo donde no había nadie me levanté el vestidito y me puse a jugar igualmente una canilla hoy, otra mañana. Por estar jugando ni sé de qué hablaban, pero recuerdo que el señor pechito don Chepito se salió del lodo y fue donde la nia Lipita y movía la cabeza de derecha a izquierda en forma negativa quien sabe por qué sería pero de repente él se regresó a jugar lodo.

Yo qué tan galán estaba jugando cuando mi tía, quien también era jovencita como la nia Lipita salió corriendo de donde estaba platicando con el dueño de la ladrillera un tal don Víctor, me haló de la mano sacándome del lodo y me lavó los pies con el agua que, del pozo sacaban los trabajadores para seguramente lavarse antes de irse a sus casas.

Quizá me regañó mi tía, no recuerdo, pero seguramente no me regañó porque de lo contrario yo iba a llorar, y mi abuelita le iba a preguntar “¿Por qué lloró la niña?” Y si mentía, yo iba a decir que era por estar jugando lodo donde don Chepito, mi tía se habría ganado una buena regañada porque según supe, el dueño de la fábrica de ladrillos era novio clandestino de mi tía, y mis abuelos le habían prohibido andar con él así como salir con la nia Lipita. Decían las amasadoras de la panadería de mi abuelita que la familia de la nia Lipita tampoco querían la junta de ella con mi tía. Pero eso es otra historia que la dejo para después.

Mi tía me compró un sorbete seguramente para tenerme contenta y nos fuimos a sentar a un banco que había en un lugar muy bonito de Sonsonate, era como un paseo con grandes árboles y montón de palmeras y flores, un oâsis en medio del gran calor que hacía:
“...y ¿qué te dijo?”
“Dijo que si iba que terminábamos”.
“ Entonces, ¿qué piensas hacer?”
“¡Ir!”
“¿No lo quieres entonces?
“Si, si lo quiero, pero es que él es muy aburrido.
“¿Entonces?”
“Te digo que voy a ir”
“y si se enoja de verdad?”
“Dos costos tendrá, enojarse y contentarse”.
“ Mira Lipa no juegues”.
“No estoy jugando solo quiero divertirme. Además miren quien habla, tú con Víctor y el zarco.”
“Si, pero tú estás comprometida, yo no”.
“y eso qué. No estoy casada todavía”.
“Si, pero... ¿no le estás faltando el respeto? Acuérdate que es un compromiso serio ya te pidió con tu papá”.
“No. Yo no estoy haciendo nada malo”.
Mi tía y la nia Lipita conversaban mientras que yo me comía mi sorbete. El sorbete caía sobre mi vestidito y tía Rosita, en su acalorada conversación no se daba cuenta de que yo me había chorreado de puro helado.

Todas azoradas, las dos trataron de limpiar mi vestido, pero yo les dije que quería otro sorbete, no me lo querían comprar, y yo dije: “Entonces yo voy a decir que vinimos a pasear al parque.” Mi tía se asustó pues eso indicaba que había venido a ver a don Víctor el dueño de la ladrillera pues era al frente de su casa. Inmediatamente me amonestó que no dijera nada, que me iban a comprar otro sorbete. ¡Ah!, así es como llegan a presidente los presidentes, pienso yo ahora, pero en esos momentos sólo me interesaba el heladito.

Aunque estaba tan chiquita yo era toda antenas y escuchaba las conversaciones de todos los mayores y algo se me quedaba, así fue como pude enterarme de que la nia Lipita había sido invitada a la fiesta de año nuevo del Casino Juvenil Sonsonateco. Yo decía, ¿cómo es que la invitaron si ella no es rica? Bueno, quien sabe quien le mandó la invitación.

En Sonsonate (no sé cómo se celebra ahora el año nuevo) en ese entonces eran famosos los “Tronos”. La tradición era fabricar una réplica de cualquier edificio famoso, como la torre Eiffel de París, el Taj Mahal, el Empire State Building y era fabricada con cohetillos de pólvora (a pues ¿y de qué otra cosa van a estar llenos los cohetillos si no es de pólvora?) Pues bien, a las doce de la noche toda la gente se reúne en el barrio de Veracruz.
El Niño Dios con su sombrerito de palma y su cotoncito blanco es sentado, quiero decir que el alcalde de la ciudad lo “sienta” en una sillita de su tamaño y le entrega La Vara, o sea la vara del alcalde, El Niño Dios es El Alcalde de la ciudad, por un día.
En la noche tiene lugar un gran baile en el Casino Juvenil Sonsonateco, las invitaciones son muy estrictas, no cualquiera podía entrar a ese baile. Pero la nia Lipita tenía sus amistades seguro que por su trabajo en la florería y porque ella era muy parecida a Sofia Loren, o porque tenía su novio, " el capitolino."

Los muchachos y muchachas con sus trajes típicos a cuál más bonito, y el decorado muy a propósito típico, la mejor música y muchas señoras actuando de chaperonas. Pero no todas las muchachas llevaban chaperonas; muchas, como la nia Lipita, llegaban sólo del brazo del acompañante. Muchas bailaban al no más llegar, las que llevaban chaperonas esperaban a que las sacaran a bailar mientras las chaperonas ahí esperaban, galanamente sentaditas. Los mirones, pues sólo de asomarse a los balcones a ver el baile.

Bien puede una recordar algunos episodios a la edad de cinco años sobretodo lo que hace impacto en la memoria, por ejemplo ver un reptil odioso, ¡ah! pero no quiero adelantarme mucho para que no pierdan el hilo de las cosas. Era día de Año Nuevo, mi papá nos llevó unos cortes muy bonitos y mi tía, quien era una magnifica costurera me hizo mi vestidito de cambray amarillo con chonguitas como dibujos, y como yo era tan chula (¿que me pasaría digo yo, que cambié? Creo que la polución de las ciudades tiene mucho que ver con eso de que uno cambia después cuando ya crece).
Bueno, como seguía diciendo, todas con vestido nuevo para ir a ver el trono antes de que se quemara. En las esquinas, las ventas de hojaldras, las cuales son famosísimas en Sonsonate, y aún recuerdo el delicioso aroma de aquella miel de azúcar negra, ¡ah! mi tía Rosita no me soltaba de la mano, decía que yo era una jurgandía y que tenía que cuidarme de cerquita, pero como yo era la niña bonita me andaba llevando para todos lados, aunque más creo que me usaba como su pretexto para salir a verse con don Víctor o con El Zarco.

El otro novio de mi tía tenía los ojos de un azul de cielo, muy lindos y por eso le decían así aunque mi abuelita reprendiendo a tía Rosita le gritaba:
“Como sepa que andas viéndote con el ojos de gargajo te vas a acordar quien soy”;
Así y todo, me gustaba más don Zarco porque don Víctor era agarrado nunca me compraba él los sorbetes, era mi tía Rosita quien pagaba, en cambio el Zarco, no más al verme decía: “¿Cómo está la reina?. Acto seguido llamaba al sorbetero y yo me olvidaba de ellos, y ellos muy contentos.

Llegamos pues al barrio de Veracruz donde el trono tenía su lugar, pero mi interés era sólo comer y jugar con los otros cipotiyos que estaban por ahí, como yo no tenía hermanitos pues jugaba con quienes estaban a mi alrededor. Mi tía Rosita quién sabe como me soltó de la mano para chocar mano con don Víctor, y yo entonces aproveché y me fui a jugar peregrina ( el juego en que uno tira una câscara de algo en unos cuadros previamente hechos en el polvo, y luego en un pie va saltando )
En esa esquina estaba un puesto de hojaldras y la dueña tenía dos hijas, y con ellas me puse a jugar, me imagino que mi tía era conocida de la señora y me dejó a su cargo... que por un momentito.
La señora muy ocupada en vender, se olvidó de sus hijas y de mí, así es que nos fuimos a sentar por un lado de la cuneta a ver pasar gente. Una de las cipotas me dice:
“veníte vos, vamos a ver el baile” y yo mera obediente la seguí.
El casino estaba a la vuelta de la esquina y en los balcones, apiñados para ver el baile estaban algunas personas mientras otras caminaban a lo largo de la calle encaminándose hacia el trono.

Ahora pienso, que barato era divertirse entones, sólo la gente con pisto tenía TV y radio, a los pobres pues sólo a apiñarnos en los balcones de alguien que tuviera TV y poder ver los cómicos. Así pues que, para ver el baile, nos apiñamos en el balcón.
La música a todo dar, boleros, valses, chachachá, merengue, tango, de todo, como sólo en El Salvador de antes de la guerra podía ser. Alegres, despreocupados, felices, viendo pasar aquellas guapas muchachonas con sus lindos y coloridos trajes típicos y los muchachos con sus cotones de manta blanquitos, algunos con botas otros con caites, la regla del baile era: traje típico obligatorio.

Me gustaba el traje de “ india” de la nia Lipita, falda de vuelos material de piel de seda color azul de película y camisa amarilla chiltota, con un chal morado, todo de piel de seda brillantísimo y una serie de collares de semillas de lágrimas de San Pedro, así como unos aretones enormes que le colgaban de las orejas. El cabello lo tenía en trenzas enrolladas al rededor de la cabeza con puros listones de variados y vistosos colores. Me fije que llevaba zapatos de tacón alto, pero no... eran botas, y al reír la nia Lipita enseñaba sus dos camanances que la hacían verse mucho más bonita.
Bailaba y revoloteaba muy contenta con diferentes muchachos quienes con sus cotones de indios y sus cebaderas colgadas al hombro también se veían guapos.
De pronto vi que un hombre bien altote y moreno se le acercó, la tomó del brazo y se la quitó al muchacho con quien ella estaba bailando, y acto seguido se puso a bailar con ella bien apretadito y de cachetillo. Era bien guapo y bailaba muy bonito hasta los sones típicos los bailaba muy bien.
La gente del balcón también se fijó en el arrebate y decían:
“ Miren, el indio cómo fue a jalar a la india”.
“Seguro que se tienen algo”; dijo una segunda vieja;
“no, lo que pasa es que estos bailes así son” terció otra persona.
Cuando se fueron acercando hacia el lado del balcón donde yo estaba tomando las dos barras del balcón una en cada manita, había aplastado mi cara para ver mejor y voy viendo que el guapo que hoy bailaba con la nia Lipita, en la espalda llevaba amarrada una iguana. Esto era para hacer más típico y original su disfraz. Algunos de los “indios” también llevaban la iguana así como la llevaba el “ indio” de la nia Lipita, o sea a la espalda, pero la del “indio” que bailaba con la nia Lipita era grande, y con enormes parches azulejados.
Bailando,bailando, se acercaron por el lado del balcón y me fije bien, la animala tenía las manos amarradas por detrás y las patas también bien amarradas, y descansaba con toda la barrigota en la espalda del joven guapo, oía yo que la gente decía:
“...mire el patiquín que bien baila, y como lleva de tiesa la animala, ojalá no se le vaya a ir de un lado y se le levante”.
Más curiosidad me daba y mas fijo los miraba cada vez que pasaban bailando por el balcón donde me apiñaba la cara contra las rejas. Le miraba yo los ojos a la iguana, semi-cerrados, con los parpadotes así, pesados, miraba de reojo y los volvía a cerrar, y pelaba lo que a mí me pareció eran dientes.
-¡Que gusto el de ese!... que bárbaro... ¿y si lo muerde?
-No seas bruta, -me dijo la chica mayor que estaba con nosotros.
–No ves que se la lleva bien amarrada.
-¿Y cómo se la ha amarrado?
-Pues con mecate, tonta, con mecates, no ves que se le cruzan los mecates por la panza al indio pues?
Ah pue sí, pensé yo, la animala la tiene bien maniada y él está bien maniado. Una señora dijo:
“ojalá que el indio tenga control sobre ese bolado porque si se le alebresta va a joder ”.

Después de un rato, así bailando y bailando la nia Lipita y el muchacho se fueron encaminando hacia la puerta, salieron y ya no los vi más en el salón del baile. Quizá se fueron a tomar un refresco, o a liberar a la iguana.
–Ya no miro a la nia Lipita.--
--No,¿ no ves que se salió con el indio?--
--ah deverdá pues--
--Como que al indio se le comenzó a apretar la iguana- dijo la otra cipota-- porque vi que al salir como se metía la mano como enderezando los mecates que le cruzaban su panza.--

El gentío comenzó a hacerse más fuerte, venían y venían y caminaban de arriba a abajo comiendo hojaldras, algodón rosado de las fiestas y demás chucherías que se vendían en nuestros festejos de ese tiempo.
Casi toditas las muchachas y gente mayor andaba estrenando, era colorido el paisaje de trajes de cambray, de seda, de género, de mantadril, de póplin, hasta de naguiya, pero eran estrenos. Los cipotes, jugando trompo coyote, y echando guimbas con el capirucho, haciendo apuestas en el predio donde no habían ventas, cipotes de doce catorce años divirtiéndose sanamente, no había peligro de pedófilos ni vendedores de drogas, era un ambiente sano y sin preocupaciones.

Yo me aburría de estar prendida de las barras del balcón viendo el baile, ya la nia Lipita ni se miraba, y la gente que se apelmasaba detrás de mí, me estaban aplastando y quise salirme, las otras dos cipotas no querían irse, pero a mí ya me estaba dando sueño. Como era chiquitilla me escurrí por medio del mar de piernas que estaban viendo el baile, alguien aprovechó que yo quería salirme y ocuparon mi puesto dejando a la demás gente que adelantara un paso hacia el balcón. Eso me ayudó a salir.
Toda desorientada, no sabía por cuál esquina era que estaba el puesto de hojuelas de la señora con la cual mi tía me había dejado encargada.
Me afligí y entonces comencé a llorar.
--¿Muchachita por qué lloras? --
--¡Buaaaaaaaaa!--
--¿Por qué está llorando esa niña?--
--Se ha perdido.--
--Así parece, hay que llamar un policía--
Al oír la palabra “policía” se me congelaron las venas del miedo, pero no el pipí el cual corría por mis zapatos, tal era el terror que se apoderó de mí. Mientras seguía llorando, alguien trató de tomarme de la mano y le pegué una mordida.
--Mona desagradecida. Pues que te lleve #OOPS#s, yo sólo quería ayudarte a encontrar a tu nana, andáte a la #OOPS#--
Y diciendo eso la mujer se retiró dejándome a mi suerte. Me arrepentí de haberla mordido pero es que yo estaba asustada. El montón de gente alrededor mío y todos hablaban y yo berreaba a pulmón abierto. Mi tía quizá reconoció mis alaridos porque de pronto oigo que decían en medio del gentío:
-- Déjenme pasar, es mi sobrinita.--
--¡Tíaaaaaaaaa! ¡Buaauaaaaa!--
--¡Muchacha! ¿Por qué andas dejando a la criatura así suelta? A los niños se les lleva de la mano--
La hija de la señora de las hojaldras, quien como por milagro se apareció junto a mí, le repostó:
--¿Y a uste quién le tiró el hueso? ¡Vieja metida!--
--Ve, que monas mas sin respeto. Malcriadas--
Yo esperaba que mi tía dijera algo, pero no. ¿Qué sería? Tía Rosita venía con el pelo mero greñudo con chamizas de zacate enredado en el pelo, la blusa había perdido un par de botones, hasta ese momento no me pasó por la cabeza que una joven podía perder no sólo un botón del vestido sino que algo más, y en cambio... ganar algo que le iba a costar lágrimas.

De la mano me tomó y nos fuimos para la casa. Todos estaban dormidos, mi tía me acostó y me cobijó prometiéndome no contar que yo me había perdido.
Que buena es mi tía !-dije yo para mis adentros- Cuando mi mamá venga de San Salvador le voy a contar cómo me ha cuidado de bonito--
Mis padres habían ido a la capital en el tren, me dijeron que sólo por una semana pero ya eran muchos los días, pero como tía Rosita me quería y me cuidaba pues no los echaba mucho de menos.

Esa noche, después de los momentos angustiosos de haberme perdido, ya en mi cama bien contentita al rato ya bien obediente me dormí, pero antes de dormirme escuché algo como un balbucèo de tia Rosita y unas palabras duras de parte de mi abuela:
“¡Como te metas en un hijuemacho verás de quién son las mulas!”.
Quizá estaban contando chistes de machos y mulas o a saber. No sé qué pasaba ni me preocupé más porque, más podía el sueño.

Nada sucedió al día siguiente, ni al día siguiente, ni al otro, sino que como a los dos meses. Mis padres ya habían regresado, y para mi tía era mas difícil la excusa de cuidarme, a mí me hacían falta los sorbetes y un día le dije:
--Tía Rosita, ¿cuándo vamos a ir otra vez a jugar lodo?--
--¿Qué es eso muchachita?-- preguntó mi madre, y mi tía en esos momentos me aventó una mirada de: “Hoy te mato mona chismosa”. Mi abuelita había oído la pregunta y se puso atenta.
-- ¿Cómo es eso hijita, eso de ir a jugar lodo?--
Tuve la impresión de que había metido la pata porque tía Rosita, quien iba hacia la tienda, se dio media vuelta y puso el dedo en la boca, como diciendo ¡shhhh!
Yo quería a tía Rosita, ya no quise decir más, y como insistían en querer saber la continuación de mi pregunta yo me puse a llorar, luego a berrear, luego me tiré al suelo y quizá me puse hasta azul del berrinche porque mi madre, al ver que yo estaba azul por aguantar la respiración para no seguir diciendo nada, se dió cuenta de que era una pataleta de tantas que yo hacía, y me dejó caer un pichel de agua helada. Me asusté y me levanté al momento, pero la interrogación había sido interrumpida.

Un día, otra vez estando sentada en la puerta de la casona ví que venía la nia Lipita, y yo, con tal de quedar bien grito como siempre:
--Tíaaaaaaaaaa aquí viene la nia Lipitaaaaaaa--
Mi tía no salió. La nia Lipita pasó de largo sin decirme “hola mi reina”. Que cosas! cuando son gente grande una no las entiende, un día le dicen a una “mi reina” y al día siguiente nos ignoran.
Me fui a mi cuarto pero aguzè el oído porque desde la sala venían unas voces, era mi madre hablando con tía Rosita:
–¿Tú andas metida en esos líos?--
--No yo no.--
--Mejor que no. Deja que Lipa se arregle como pueda. Ya ves que mi mamá te tiene vigilada.--
--No si yo no sé en que anda la Lipa.--
–¿No te ha dicho nada? --
--Sólo que le gusta el bachiller.--
–¿Anda con él?--
--Si. --
–¿Piensa engañar a Chepito? Estâ comprometida con él.--
--A ella le gusta el bachiller y... está esperando.--
--¿Pero no se ha decidido a decirle a Chepe?--
--No. Le da miedo su reacción.--
--Y... ¿está segura que no es de él?--
--No si con Chepe nada de nada. Él le ha dicho que hasta que se casen.--
--Entonces, ¿ha quebrado con Chepe?--
--Todavía no. --
--¡Que peligroso! ¿y que está pensando?
--No sé.--
--y... ¿desde cuando que no le viene?--
--Desde diciembre.--
--Por lo del 31. La pescaron los papás!--
--Si. Pero ellos no saben que espera.--
--Eso está malo Rosita, que feo está eso, tú cuidado como le copias nada a la Lipa. Lo que ella hace es peligroso.--
Mi tía no contestó y las voces se fueron apagando y yo comencé a cavilar: ¿ De qué estaban hablando? ¿a quién espera la nia Lipita? ¿qué no le ha venido qué?
Y ¿desde diciembre? ¿Qué sucedió el 31? A ver, mi tía no sé para dónde agarró, yo estaba con las hijas de la señora de las hojuelas, y la nia Lipita estaba bailando y de repente con el indio de la iguana se fueron por la puerta quizá a otro salón,
¿o se quedaron? Una de las cipotas mentó algo como de ir a darle agua a la iguana. ¿ De qué hablaban mamá y mi tía? Si nada malo había visto yo esa noche. Me tardé unos días en saberlo.

Era Miércoles de Ceniza, y naturalmente había que ir a la iglesia. Mi tía Rosita le dijo a mi mamá que si yo iba con ella a tomar la ceniza.
-Claro que sí, está bien adiós, no vengas muy tarde, le diré a mamá que yo te di permiso de ir a la iglesia.--
No fuimos a la iglesia. Agarramos para el parque de las palmeras, ahí estaba el sorbetero pero nada de sorbete para mí. No era el Zarco quien nos esperaba, tampoco era don Víctor, era don Chepito.
--Que tal Rosita ¿ Por qué no vino Lipita? Me mandó avisar que viniera.
--Es que mire Chepito a ella le da pena.--
-- ¿Pena de qué Rosita? --
-- Pues es que ella me dijo que le diera un recado--
--De qué pues. Dígamelo.--
--Es que Chepe, ella me dijo que le dijera que... Mamita, vè a comprar tu sorbete--
Como ya el sorbetero nos conocía pues se encaminó hacia nosotros, me dio el sorberte. Mi tía le pagó y él se fue. Calladita yo, muy contenta, me senté atrás de la palmera contra la cual estaba el banco donde don Chepito y mi tía conversaban así que pude oír sólo retacitos de la conversación.
--Pues no Chepito, yo no la vi esa noche.--
--¿No andaba con usted? --
--Si pero.... --
--Entiendo Rosita, pero dígame, ¿no sé quedó ella en el baile? --
-- Mire Chepe, es mejor que ella le explique, viera que es incómodo para mí decir lo que ella me encargó que le contara, pero mire es mejor que se lo diga ella.--
--¡Pero ella me mandó una razón con usted Rosita! --
--Si Chepe, pero es un asunto de los dos ustedes y mejor que usted se lo pregunte a ella.--
--Rosita por el amor de Dios dígame, yo a Lipa no la he visto desde hace mas de un mes. No sé por qué se me esconde, y cuando llego a verla ella siempre se ha quedado a trabajar tarde, cuando voy a la florería me dicen que se fue temprano.--

Yo, comiéndome mi sorbete me puse a seguir las mariposas que pasaban alrededor a posarse sobre las lindísimas flores tropicales. Quizá hasta echè mi siestecita porque lo único que me acuerdo de ese día es que mi tía me despertó porque me dijo ya era hora de irnos.

Dejé de ver a don Chepito, don Víctor me caía mal, era bien codo, además no le contestaba ya ni el adiós a mi tía. Pero un día volví a ver al Zarco. Yo iba con mi mamá al mercado y El Zarco venía en sentido contrario.
--¡Adiós Don Zarcoooo! --
--¡Adiós mi reina!-- Y siguió caminando.
--¡Criaturita!-- intervino mi mamá, --deje de andar poniendo apodos--
--No mamá si así se llama Don Zarco, mi tía Rosita le besa los ojos porque dice que son bien chulos-
Mi mamá ya no dijo palabra. Pero al llegar a la casa vi que estaba en consulta con mi abuelita Berna. Ni se me ocurrió que la bomba podía estallar por mi salidencia. Esa Semana Santa no fue nada santa ni para la nia Lipita ni para mi tía Rosita.

Todos los que hemos vivido en Sonsonate sabemos la solemnidad con que se celebra la Semana Santa, es una herencia de los religiosos Sevillanos quienes al ser enviados a Sonsonate instituyeron las hermandades, los cofrados, los sayones y todas las solemnidades como se celebra en Sevilla, España.
Con aquel calor sofocante pero con el alivio del soplo suave de tanta palmera, el ambiente es de recogimiento, las mujeres todas de negro y la música solemne hace que exista un sentimiento que es contagioso.
Después del Santo Entierro, regresando a la casa vi que mi tía se encaminaba en medio de mi abuela Berna y mi abuelito, “como si va presa” dije yo -y mi mamá me dió un sopapo en la cabeza, iba yo de la mano de mi mamá, mi papá aún no regresaba de la iglesia donde era Cargador de la Santa Urna. En silencio todos entramos a la casona, mi tía lloraba. Dije yo: -! Cómo le ha dolido atender el Santo Entierro! --

La nia Lipita y mi tía Rosita desaparecieron al día siguiente. Eran las once cuando la familia de la nia Lipita vino a preguntar si la habían visto, a su vez mis abuelos y demás familia andaban preguntando a los vecinos si habían visto a tía Rosita, nadie sabía nada, excepto Joselión. Bueno se llamaba José León pero era más fácil decirle Joselión, este era un limpiador de calles quien llegaba todos los días a la panadería de mi abuela y ella siempre le decía:
-- Tomá Joselión lleváte unas chamberguitas y estos cachitos para tu casa-
--Dios se lo pague ‘ña Berna-- y volvía a la siguiente por algunas chorriadas o maría luisas, dependiendo de lo que no se había vendido del todo. Ese día mi abuela Berna le regaló una torta de yema-
- Tomá Joselión, para que la Juana te haga unas torrejas-- Diosito se lo pague ‘ña Berna, mire ‘ña Berna yo quiero decirle a ustè algo”
--Joselión ahorita estoy ocupada vení mañana y si no estóy, la Chole te va a dar pan francés hay le decís que yo dije.--
-- No, ‘ña Berna, es que mire yo vide que ustè y don Catocho andan buscando a la Rosita, pues yo la vide.-- –¿Dónde? ¿Dónde? Dime Joselión ¿Dónde la viste?–
--Pues en la catorsona--
(la catorsona era la máquina del tren que viajaba de Sonsonate a San Salvador).
--Ahí la vide que se subió con la Lipa.--
--¿Cuándo fue eso Joselión?--
--El sábado ‘ña Berna, el Sábado de Gloria, yo vine y ustè estaba penquiando los palos de marañon pa’ que crecieran, y yo me puse a barrer el hojarascal, en eso vide a la Rosita salir por la puerta de golpe de atrás y la Lipa se juntó con ella y andando bien ligero se fueron a la estación del tren.--
--¡Dios mío! ¡Gracias Joselion!-- y la abuela se quitó el delantal y se fue directo a la casa de la nia Lipita. Yo me metí a la panadería a jugar masa y bien quietecita haciendo mis muñequitos de masa que las horneadoras, para jugar y entretenerme los metían al horno. Entre ellas chismorreaban :
–... es que se fueron las dos juntas...
--¿Quién te lo dijo?--
--El conductor, el marido de mi prima Erlinda, él sabe bien porque les picó el boleto, iban para la capital.--
--Ah ¿es capitolino el novio?--
--Novio mis patas, es el mariscal de la Lipa.--
--No’mbre, y ¿el Chepe pues?--
--...ese pobre se quedó chiflando en la loma.--
-- ...y ¿la Rosita?--
--Pues no sabría decirte pero la Rosita iba sola y la Lipa iba con el patiquín, él compró los boletos del tren... ¡Shhh calláte que ahí viene la nia Berna!--
Las amasadoras no hablaron más, yo quería ir a preguntarles que si mi tía y la Nia Lipita iban a San Salvador, pero mejor no les no pregunto ahora, me dije.
Mi abuelo Catocho hizo un viaje a la capital y regresó con mi tía Rosita, yo bien contenta, pero ella no parecía querer hablar con nadie. Comenzó a trabajar con las amasadoras y ya no salía para nada. Ya ni me sacaba a pasear. Mi abuela ya no se encargaba de la tienda ella sólo en la caja registradora y era mi tía la que entregaba el pan a los tenderos. Yo me sentaba en el mostrador para ver la línea de gente que llegaba a comprar el pan para sus tiendas.

Una tarde en que mi abuela Berna tenía dolor de cabeza y sólo mi tía estaba a cargo de todo, yo estaba como siempre sentada arriba del mostrador, cuando vi entrar a El Zarco.
Ya no había nadie en la tienda de la panadería, ya todo el pan había sido entregado y mi tía contaba el dinero y ponía las monedas en chorritos y luego los envolvía en unos rollitos de papel. Cuando entró El Zarco, vi que a mi tía le estaban temblando las manos, se cayeron unas monedas al suelo y yo me bajé del mostrador para ir a recogerlas.
Algo presentí, yo era una niña muy curiosa en todo, como no sabía si ir -o- no a saludar a Don Zarco, me quedé acurrucada a un ladito.
-- Rosita- le espetó al no más llegar al mostrador.
–He venido para que me digas la verdad, te me escondes, dicen que te fuiste a la capital, te he mandado razones y no contestas. ¿ Qué te pasa? Ahora de una vez por todas dime la verdad.--
Tía Rosita no vió que yo estaba arrinconada en la esquinita, y mirando hacia la puerta cerrada de la sala le dijo con voz suavecita pero algo nerviosa:
--Mira Miguel Ángel- (abuen- dije yo- si no se llama don El Zarco, ¡se llama Miguel Ángel!)
-- Yo te quería decir pero es que no tuve la oportunidad. Estoy embarazada– continuó mi tía Rosita.
El Zarco, con una gran sonrisa quiso abrazarla y ella le rehuyó .
--¡No Miguel Ángel, no, por favor no! --
--Y ¿qué Rosita? ¡Nos casamos de inmediato! --
Mi tía comenzó a llorar.
--Miguel Ángel es que.... --
---¿Que qué... qué Rosita? Yo tengo unos centavitos, no te hará falta nada, si me hubieras dejado hacer mi gusto ya estuviéramos casados, ni tu mamá ni tu papá se opondrían. No me conocen bien, eso es todo. Pero yo soy honrado y trabajador.--
--No Miguel Ángel, no, mejor te vas--
-- Pero... ¿por qué? Díme.--
--... Es que... es de Víctor. --
-- ¿Queeeeeeeeé? ¡Maldita! ¡Me traicionaste con ese desgraciado mujeriego! ¡Eres una desgraciada maldita jugaste con mis buenas intenciones! ¡Pero no te quedas así!–
Y se avalanzó sobre ella y la quiso abrazar.

¿Abrazar? ¡¡Noooo!! ¡La estaba estrangulando!
Yo comencé a pegar de alaridos y se abrió la puerta de la sala y mi mamá entró corriendo. Al ver el cuadro gritó despavorida:
--Llamen a la policía, ¡el Zarco está matando a mi hermana!--
Pobre Don Zarco, se lo llevaron preso, le cayeron dos años de prisión por atentado de asesinato. Mi tía nunca volvió a salir de Sonsonate ni de la tienda.
Le nació el niño, Joaquincito. Cuando lo iban a bautizar, ella mandó a una de las muchachas de la panadería con un papelito para don Víctor, le decía en el papelito que por favor le reconociera al niño. Don Víctor le mandó contestación diciendo que él ni sabía que ella había salido embarazada y si era cierto, pues que no era de él. Esa noche oí llorar, era mi tía, mi mamá hablaba suavecito:
--Es que Rosita, nana, es que jugaste con fuego y te quemaste.--
Yo pensaba, pero si yo nunca vi que mi tía tocara los fósforos, ni siquiera tocó la candela de Semana Santa!
Y la nia Lipita ? Preguntan ustedes, espérense, que aún no terminó todo.

Su familia la fue a traer de donde estaba, se la había llevado “ el capitolino” para su casa de San Salvador, y como, al igual que mi tía Rosita, estaba en el mismo problema, así pues que convenció a mi tía que la acompañara así ninguna de las dos enfrentarían a las familias . Eso pensaron ellas. Nunca falta un “yo los vi” y así fue como Joselión las vió subirse al tren. También se supo donde se dirigían por lo que no fue difícil encontrarlas, mi tía, donde unas primas, y la nia Lipita a la casa del “capitolino.”
La nia Lipita tuvo, y no tuvo suerte, la suegra no la quiso desde que entró a la casa, “el capitolino” tenía una prometida rica como ellos, a la nia Lipita la suegra la tenía como de sirviente y la abochornaba a cada rato, así es que, cuando llegó la mamá en su busca, la suegra abrió la puerta, la dejo abierta, y se fue para dentro. La nia Lipita salió con sus cobijas así como había llegado. El “capitolino”ni dió la cara en ese momento y despuès, ya ni la fue a buscar.
La nia Lipita, digo yo pues, que tuvo mas suerte que mi tía Rosita porque se casó con Don Chepito quien al no más confirmar lo que ya presentía fuè a hablar con los papás de ella y arregló el matrimonio. Se casaron, pero nunca tuvieron hijos. El “capitolino” la había llevado a que abortara y el resultado fue desastroso para la vida de la nia Lipita. Ella y Don Chepito se fueron a vivir a México.

El siguiente año, otra celebración, otro 31 de diciembre, otro baile en el Casino Sonsonateco. Esta vez era la hermana menor de la nia Lipita la que había sido invitada. (¿cómo sabía yo todo esos chismes? es que me sentaba a escuchar a las amasadoras quienes hablaban sin mirarme).
Vi venir a la hermana de la nia Lipita, la nia Leonor. Traía una bolsa de tule y le dije:
–¡Nia Noycitaaaa! ¡Le adivino que lleva ahí! ¿Verdá que lleva la iguana para el baile?--
Me contestó:
--¿Cómo sabes que es iguana la que traigo?--
Yo muy orgullosa de mi saber le respondí:
--Mire nia Noycita tenga cuidado, porque si el indio no se la amarra bien, se le puede soltar la animala así como se le paró la iguana del “Capitolino”, y ya levantada él ya no la pudo amarrar--
–¿Que sabes tú del “Capitolino”?
--¡Un montón!. Fíjese que él bailaba con la iguana en el lomo y bien bonito, pero yo creo que él ya sabía que el rato menos pensado la animala se le iba a alebrestar y la nia Lipita iba a salir fregada, y mire, así fue; por eso se fueron temprano del baile, seguro que al “capitolino” se le alebrestó la iguana porque ya la andaba floja de los tules, yo la ví, la animala no andaba muy a gusto. Ya vè pues, que eso puede pasarle, ya vè que la nia Lipita pagó el pato ¡porque ya no se divirtió en el baile--

La nia Noycita me miró con ganas de darme una nalgada y yo no sé por qué, si yo sólo le estaba dando un consejo. Pero es que yo era muy salida, de milagros tengo dientes, yo era tan salida que me metía en líos por hablantina. Pero eso de las iguanas es cierto. Mejor no hay que manosearlas, porque si se tocan se alebrestan.
Fin.



























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