Aunque el cansado verde
te imponga la emoción de haber, al fin, llegado,
no ves el delta desde la ventanilla del avión.
Es, todavía, un mapa. Es una fotografía,
más o menos nítida, en un libro caro.
Y cuando en el aeropuerto
ni el ruido brutal, ni la pesadez del sol,
ni la igualdad de todos los rostros
te disuadan de volver a uno y otro lado
la cabeza en busca de las pirámides,
tampoco estarás allí,
sino en el living de tu casa,
sentado frente al televisor,
esperando que terminen las tandas
y el programa comience.
Sergio Raimondi